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26.12.11

LA DEPENDENCIA POLITICA DE LA POLICIA

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La permanente dependencia que tiene la policía de la orientación política del momento, quizá sea su característica mas importante, ya que como es lógico, de la voluntad política depende prácticamente todo el conjunto de la sociedad y su proceso dinámico. Por lo tanto, es correcto afirmar que la policía, como todo lo demás, ha sido y será siempre lo que sus responsables políticos quieran que sea.

Tal afirmación no desvirtúa para nada la finalidad y el sentido que, de un modo objetivo e imparcial, ha de tener la policía en cada comunidad como servicio público, dado que la seguridad de las personas (policía de seguridad), así como muchas de las indispensables normas que reglamentan la actividad de los particulares en la sociedad (policía administrativa), son competencia de la Administración que, en definitiva, viene a representar a todos los ciudadanos.

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Por ésta razón, no se debe pensar que la intervención del poder político sobre la policía sea un lastre del cual debamos desprendernos sin mas dilación. En éste sentido López Nieto indica que "parece normal que la comunidad política se encuentre revestida de poderes que le permitan hacer frente, con eficacia, a las posibles violaciones de que puedan ser objeto los derechos". El problema se suscita cuando ese legítimo intervencionismo no se dirige hacia la obtención de una mayor eficacia en la institución policial, si no que es viciado con intereses de otro tipo y, a veces, muy ajenos al servicio público que se debe de dar, algo que por desgracia viene siendo harto frecuente en la clase política, según hemos comprobado en el anterior recorrido histórico, y de lo que, además, la policía aún no se encuentra totalmente a salvo.
Estas continuas ingerencias son también sufridas en su ámbito correspondiente, por otras instituciones y áreas de la Administración, pero es en la policía donde, a juicio de muchos, adquieren una mayor relevancia debido a tres destacados motivos:
  • Primero a la enorme incidencia que tiene aquella en el tejido social, a la hora de hacer cumplir las normas a todos los individuos. Esta influencia se acentúa con el margen discreccional que dispone cada agente en los momentos de intervenir ante las transgresiones. Esto permite al colectivo policial y a sus
    responsables, realizar interpretaciones previas sobre los hechos en cuestión y establecer las medidas adecuadas, todo ello sin vulnerar la legalidad pero eligiendo y adoptando una solución de entre varias. Tal discreccionalidad tiene un sentido lógico y cumple una buena función, si se aplica con un rigor estrictamente profesional y no inducido por ninguna otra cosa, sin embargo puede ser aprovechada por el poder para proyec- tar con ella su pensamiento político

  • Segundo a la facultad de hacer uso de la fuerza para el cumplimiento de los fines asignados, lo que revela así la principal diferencia existente entre la policía con los otros órganos de la Administración y que se complementa con una depurada técnica, que casi garantiza una efectiva realización de
    lo ordenado. Todo ello bajo una disciplina paramilitar, alentada secularmente desde la dirección política como ya veremos después.

  • Tercero al enorme poder de información que tiene la policía, tanto la que obra en sus archivos como la que puede llegar a averiguar, que representa un hábil instrumento para el mandatario político de turno.
 Por otra parte, la vida de la policía ha estado siempre ligada a la sucesiva transformación de la Administración y al proceso evolutivo que ha llevado el perfeccionamiento de ésta. Por consiguiente resulta innegable la vinculación que ha existido y existe entre ambas, de tal modo que los cambios experimentados en la Administración pública afectarán también siempre a la policía. Esto la ha arrastrado a ser utilizada muchas veces como elemento al servicio del poder cuando la ocasión lo requería.

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De esta manera vemos como ejemplo de tal relación, que si el Estado es centralista el diseño de la policía también lo es y si el poder se diluye entre sus entes territoriales el efecto producido es el contrario. Así mismo y por la misma razón, también se ven afectadas por la orientación política numerosas e importantes cuestiones, como el aumento o disminución del control sobre las normas legales o su mayor incidencia en algunas de ellas, la coordinación policial entre los distintos cuerpos, el mayor o menor desarrollo de cada uno de ellos, su unificación o desaparición, el nombramiento de sus principales mandos y la regulación de la carrera policial, las relaciones con los ciudadanos y los jueces, además de muchos mas aspectos que condicionan y determinan tanto al concepto y el sentido de la policía, como a todo su presente y futuro.

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Así pues y a modo de resumen sobre ésta primera caracte-rística histórica, podemos decir sin incurrir en error alguno que el desarrollo de la policía y los continuos modelos adoptados, han dependido de la orientación política que haya dado a la sociedad el grupo dominante en cada momento histórico

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