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30.12.11

LA MILITARIZACION DE LOS CUERPOS POLICIALES

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LA MILITARIZACION DE LOS CUERPOS POLICIALES

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El fenómeno de la militarización de los cuerpos policiales y de la sociedad en general, no ha sido algo exclusivo de la policía y la sociedad españolas, habiéndose producido de forma similar en otros países del mundo, al menos en ciertos periodos históricos. Los Estados bajo la influencia anglosajona los han sufrido en menor grado, quizá en gran parte debido a la aplicación de la doctrina de Lord Mansfield, jurista inglés que en 1780 y con motivo de los graves disturbios acaecidos en Londres, que obligaron a la intervención del ejército británico, logró imponer su criterio para que los culpables de tales hechos que se enfrentaron a las tropas reales, fueran juzgados por tribunales ordinarios y no por consejos de guerra militares. Con el transcurso del tiempo, la doctrina Mansfield supuso condicionar la intervención del ejército al previo requerimiento de las autoridades civiles, así como también vino a motivar la creación de una fuerza civil de policía.

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Haciendo un paralelismo de los disturbios de Londres en 1780, con los producidos en Madrid en 1766 y conocidos bajo el nombre del Motín de Esquilache, apreciamos que aquí no surge nada parecido a la tesis de Mansfield. Todo lo contrario, las reformas emprendidas por Carlos III a partir de tales desórdenes se encaminaron a profundizar y extender la militarización de la Administración, en detrimento del poder civil. Con éste planteamiento vemos cómo, en las Ordenanzas Militares de 1768, se permitía aplicar la jurisdicción militar a los civiles que infringieran algunos preceptos de ellas. Asimismo, en la Pragmática de 1774 se equiparan las concentraciones y manifestaciones a las asonadas o sublevaciones, a las cuales las tropas militares se encargarían de hacer frente. Por último y dentro de las reformas citadas, un Real Decreto de 1783 recogía el delito de resistencia a fuerza armada, por el que se juzgada a su autor, civil o no, por la justicia militar. Por lo tanto, los divergentes caminos emprendidos en cada uno de los dos Estados para organizar su Administración, determinaron la mayor o menor militarización de sus futuros cuerpos policiales, que en el caso español fue muy superior al ingles. Este fenómeno se hizo extensivo a las colonias y países sometidos a sus influencias y, por ende, a sus respectivas fuerzas de policía.

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Otra consecuencia más de la utilización del ejercito en el ámbito policial, fue que proyectó más confusión en la delimitación de las funciones de los distintos cuerpos que se iban creando y en el concepto social de la policía, a la que la población identificaba como una extensión más del entramado militar. Igualmente, su presencia actuó siempre como un freno en el desarrollo de todos los cuerpos, dado que la clase política siempre fue consciente de que disponía del ejercito como alternativa para resolver cualquier conflicto, lo cual privó a la policía de los medios necesarios para un crecimiento de mayor rapidez.

No es ningún error asegurar que ésta continua influencia de lo militar en la policía, sigue siendo hoy en día perceptible en muchos de sus aspectos, que van desde sus emblemas, distintivos de mando y uniformidad en general, hasta la estructura y composición de sus plantillas e incluso el carácter legal que define a algunos cuerpos, como son los casos de la naturaleza militar de la Guardia Civil española, la Gendarmería francesa o los Carabinieri italianos, por citar algunos de los países democráticos. Todo esto nos lleva a la conclusión final, de que la desmilitarización de la policía sigue siendo, todavía, un hecho no resuelto y que resultará imposible de resolver en su totalidad, porque todos los cuerpos, sin excepción, conservan en su interior una parte de la cultura militar que se ha transformado en cultura policial y es ya algo intrínseco a ella.

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Mantener esa cultura policial, derivada de la militar, en aspectos estéticos de uniformidad, saludo, etc., o en aspectos de disciplina interna, no implica que un cuerpo esté militarizado. Debemos distinguir entre la cultura militar de un cuerpo y lo que es su militarización. Ambas cosas no son lo mismo y no deben confundirse, pues entre las dos hay un espacio importante de separación. La cultura policial ha absorbido parte de la militar y, tras el largo proceso de interiorización, se ha convertido en algo necesario para su adecuado funcionamiento al tratarse de un instituto armado, pero éste puede perfectamente ser de naturaleza civil y contar con ese factor cultural. Para que un cuerpo de policía tenga la propiedad de militarizado, se tienen que dar dos condiciones: La primera es que se halle encuadrado orgánicamente en el ejército, o bien exista un mecanismo oficializado de trasvase de miembros de éste al cuerpo policial. La segunda es que a sus componentes les sean de aplicación las normas o códigos de justicia militar. Cualquier servicio de policía que se encuentre fuera de estas dos condiciones no puede ser clasificado como militarizado, sino como civil.

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