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19.4.12

LA SUPERINTENDENCIA GENERAL DE POLICIA (tercera parte)

Además de éstas tareas, también se le encomendaron bastantes cuestiones de control administrativo, que encajan perfectamente en la actividad de policía administrativa. Muestras de ello quedan reflejadas en las competencias que se le asignaron para el control de los puestos de venta ambulante, expedir y visar pasaportes, control de extranjeros, expedir permisos para ejercer profesiones ambulantes, extender licencias para usar armas no prohibidas, control de licencias de caza, mantener un registro de calesas y coches, velar sobre el cumplimiento de los reglamentos de sanidad, cuidar de que los pesos y medidas estén conformes a los patrones municipales, denunciar la venta de alimentos en mal estado, mantenimiento del padrón vecinal, cobrar multas, etc.


Por consiguiente, es factible resumir que el abanico de funciones otorgado se hizo en tres direcciones: una de policía política, otra de policía de seguridad y la tercera de policía administrativa. Esta amplitud competencial que se le dio y que, analizada desde una perspectiva actual, supone la inclusión en la Policía del Reino de muchas competencias de los cuerpos de policías de seguridad y administrativa existentes hoy en día, llegando de ésta forma a un elevado grado de policía integral absoluta nunca alcanzado, en el proceso evolutivo del moderno modelo policial español, por un cuerpo o una entidad de nueva creación. Ello, por un lado, revela la carencia de la organización policial en el Estado y, por otro, induce a pensar que la inicial voluntad política de Fernando VII era, firme y decididamente, la de dotar a la recién nacida institución de un profundo protagonismo policial que, a todas luces, se quería extender a otras áreas con el transcurrir de los años.

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